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Saludideal.es, 17/05/2011

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El ejercicio físico voluntario tiene un efecto protector y terapéutico contra el Alzheimer,según un estudio realizado con ratones transgénicos. El estudio, publicado en Journal of Alzheimer’s Disease, lo ha llevado a cabo el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC-IDIBAPS), la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Pablo Olavide de Sevilla y la Universidad de California.

El trabajo asegura que el ejercicio puede ser beneficioso a medio plazo para retrasar la aparición de determinados síntomas característicos de la enfermedad de Alzheimer y de los que acompañan el envejecimiento normal. José María Delgado, investigador de la Universidad Pablo de Olavide y participante en este estudio, ha destacado que los resultados obtenidos sugieren que el ejercicio físico tiene un efecto beneficioso sobre la actividad de la corteza cerebral, lo que se traduce en una mayor memoria a largo plazo y en una mayor capacidad de aprendizaje complejo.

Los ratones transgénicos que se estudiaron, y que desarrollan una patología similar al Alzheimer, se dividieron en grupos, con acceso a una rueda de actividad durante distintos períodos de tiempo, y en un grupo control que carecía de ella. El estudio, uno de los más completos de los que se han hecho hasta ahora en este sentido, destaca que los mejores efectos se vieron en ratones de siete meses que ya estaban en una fase moderada de la enfermedad y que habían hecho ejercicio durante más tiempo, de manera continuada desde un mes, según ha explicado Coral Sanfeliu, investigadora del CSIC-IDIBAPS que ha liderado el estudio.

Sustancias beneficiosas

Se sabe desde hace tiempo que el ejercicio facilita la liberación de sustancias protectoras y que tiene un efecto beneficioso, en general, sobre la sensación de bienestar y sobre otras funciones corporales y cognitivas, pero no se había estudiado de forma sistemática su efecto beneficioso sobre el Alzheimer. Al analizar los resultados se ha visto que los animales enfermos que no tuvieron ningún acceso al ejercicio presentaron síntomas psicológicos de demencia y pérdida cognitiva, así como alteraciones en la función sináptica y peor función sensor y motora.

Por el contrario, los que hicieron ejercicio presentaban mejores resultados en todas las pruebas psicomotrices, en las de memoria y aprendizaje, así como menor ansiedad ante situaciones de estrés y un mejor control de la respuesta al sobresalto. También se analizó el tejido de la corteza cerebral y el hipocampo, áreas afectadas neuropatológicamente por la enfermedad, y otros indicadores fisiológicos como el estrés oxidativo en el cerebro, y se vio que los resultados eran mejores en los animales que realizaron ejercicio.

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