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Las plantas medicinales ¿antibióticos del futuro?

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LA EQUINÁCEA Y EL PRÓPOLIS HAN DEMOSTRADO EFICACIA EN EL TRATAMIENTO DE LAS AFECCIONES RESPIRATORIAS ORIGINADAS TANTO POR VIRUS COMO POR BACTERIAS

SUPERVISIÓN MÉDICA O FARMACÉUTICA
Es muy importante saber que los preparados de plantas medicinales son medicamentos y, como tales, deben ser consumidos bajo la supervisión de un médico o farmacéutico, profesionales capacitados para garantizar la eficacia de los mismos y recomendar al paciente la posología adecuada, el modo de administración, cómo se debe iniciar la terapia y, sobre todo, cuál es el tratamiento fitoterápico más idóneo a fin de evitar contraindicaciones e interacciones con otros fármacos.

En líneas generales, dichos productos deben contar con un registro sanitario y un prospecto en que se especifiquen las dosis para niños y adultos. Con los niños se debe tener un cuidado especial, pues son muy sensibles a los efectos producidos por las variaciones de las dosis, ya que al ser pequeño su volumen corporal, su capacidad para eliminar compuestos químicos es diferente. En este sentido, sólo la farmacia es un garante de todos los controles de calidad, seguridad y eficacia requeridos.

El Periódico de La Farmacia, 10/11/2011

Tal y como insisten los especialistas, la mayor parte de las infecciones respiratorias son de etiología vírica, en las que el uso de antibióticos no sólo es inútil, sino que en la mayoría de las ocasiones es perjudicial especialmente por la inducción de resistencias. Y es ahí, en especial en las afecciones respiratorias leves o de baja gravedad, donde una vez más entran en juego las plantas medicinales. En este sentido, el Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO), junto con la Sociedad Española de Quimioterapia, ha publicado el libro “Plantas Medicinales y complementos de la dieta en las afecciones respiratorias”, de cuya lectura se desprende que de entre las plantas con propiedades medicinales para tratar las afecciones respiratorias destacan la equinácea y el própolis, producto este último elaborado por las abejas a partir del exudado de distintos vegetales. Ambas especies han demostrado eficacia en el tratamiento de las afecciones respiratorias originadas tanto por virus como por bacterias.
Las plantas medicinales ¿antibióticos del futuro?
Otras plantas que también han demostrado capacidad de actuación en el aparato respiratorio son el eucalipto -indicado para el asma, bronquitis, rinitis, faringitis, amigdalitis, traqueitis y gripe-, el tomillo -para la tos irritativa y antiespasmódica, laringitis, bronquitis, asma enfisema y gripe-, el marrubio -tos improductiva, catarros-, el llantén –bronquitis-, el gordolobo -afecciones respiratorias de vías altas y bajas-, las yemas de pino o el romero.

La equinácea

Entre las plantas que han confirmado una mayor utilidad en las infecciones respiratorias destaca la equinácea. Originaria de América del Norte, la primera preparación comercial apareció en Estados Unidos en el año 1880, y estaba indicada en reumatismo, neuralgia y mordeduras de serpientes de cascabel.

A partir de enero de 2005 la equinácea figura en la farmacopea europea. Aunque existen nueve especies, sólo tres tienen interés terapéutico: Echinacea angustifolia, E. pallida y E. purpurea. Diversos ensayos clínicos concluyen que los extractos estandarizados de esta planta medicinal acortan la duración y severidad de los resfriados y otras infecciones del aparato respiratorio.

Según INFITO, esta planta tiene un mecanismo inmunoestimultante –es decir, estimula las defensas del organismo-, por lo que el momento ideal para utilizarla es cuando aparecen los primeros síntomas del resfriado, siguiendo las recomendaciones del médico o farmacéutico. Asimismo, la equinácea ha demostrado ser útil en las fases de convalecencia de los procesos gripales evitando las recaídas.

Después de un proceso gripal, las defensas siguen debilitadas, lo que se traduce en un gran cansancio o decaimiento conocido como astenia postgripal. Por eso puede ser una opción terapéutica en personas con el sistema inmune debilitado, para aumentar las defensas en los tratamientos con quimioterapia o sobre todo en mayores o personas con afecciones respiratorias recurrentes a lo largo del invierno.

Prácticamente no se conocen efectos adversos si bien, como ocurre con otras plantas pertenecientes a esta familia botánica, pueden aparecer casos de anafilaxia en personas sensibles y trastornos abdominales leves.

También se considera que pueden aparecer interacciones con terapias inmunosupresoras, por lo que no debe asociarse a tratamientos con corticosteroides, inmunosupresores o citostáticos.

Está contraindicada en enfermedades autoinmunes y afecciones sistémicas progresivas como tuberculosis, leucosis, colagenosis o esclerosis múltiple. No parece tener efectos negativos sobre el feto durante los tres primeros meses de embarazo; sin embargo, aún no existen ensayos clínicos suficientes que garanticen su total seguridad por lo que no se aconseja durante el embarazo o la lactancia. Al igual que otros fitomedicamentos, su administración debe interrumpirse al menos una semana antes de someterse a intervenciones quirúrgicas.

Própolis

Otro producto natural con actividad demostrada en el aparato respiratorio es el própolis, elaborado por las abejas a partir de distintos vegetales. Actúa como antimicrobiano para afecciones de las vías respiratorias por lo que se puede emplear en el tratamiento de anginas, faringitis o laringitis.

El própolis es activo frente a Staphylococcus aureus, una de las especies patógenas responsables de distintas infecciones respiratorias. Además, estudios recientes muestran que actúa conjuntamente con ciertos antibióticos reforzando la actividad antimicrobiana. De igual modo también muestra actividad como antifúngico, antiviral y antiparasitario.

Se le considera prácticamente carente de efectos adversos, por lo que puede recomendarse en niños a partir de 3 años, característica que comparte con el llantén, otra especie recomendada en niños en los casos citados.

El própolis presenta un amplio rango de actividades farmacológicas avaladas por numerosas publicaciones científicas. A su actividad antimicrobiana cabe añadir su posible capacidad antioxidante derivada de su efecto inhibidor de las proteinquinasas (enzimas que actúan sobre las proteínas activándolas o desactivándolas mediante reacciones de fosforilación). Asimismo, también se ha descrito su actuación inmunomoduladora y anticitotóxica.

En términos generales, el própolis es inocuo, si bien en escasas ocasiones pueden aparecer efectos secundarios: sequedad de boca, somnolencia, mareos, molestias en el epigastrio. No se han descrito interacciones; no obstante, un pequeño porcentaje de la población es alérgica al própolis y otros productos elaborados por las abejas (miel, polen, jalea real…). Este problema surge, por norma general, en personas que han mostrado previamente reacción alérgica a las picaduras por abejas, así como en aquellas que muestran alergias a otros productos apícolas.

Eucalipto

La tos, que es un síntoma asociado a múltiples patologías respiratorias y suele ser la tarjeta de visita del resfriado común -una infección vírica que cursa con bronquitis aguda, rinorrea y estornudos-, tiene tratamiento con plantas antitusivas, expectorantes y antisépticas respiratorias. Una de dichas plantas es el eucalipto, cuyas hojas son ricas en eucaliptol, un aceite esencial que aumenta la producción y la fluidez de las secreciones bronquioalveolares y colabora en el efecto expectorante. Además, puede ayudar a disminuir la inflamación bronquial, pues ejerce un efecto antiséptico intenso.

Tiene, asimismo, efecto expectorante, balsámico, broncodilatador y mucolítico dada su capacidad para estimular directamente las células secretoras de la mucosa bronquial. Por ello se emplea en diversas afecciones respiratorias: bronquitis, gripes, faringitis, sinusitis, tos irritativa, asma…

Los expertos aconsejan, no obstante, evitar su consumo en caso de gastritis o úlcera péptica, debido a su efecto irritante -a dosis elevadas, su aceite esencial puede producir molestias gástricas-. De igual manera, se deben adoptar precauciones con los niños pequeños y los epilépticos, ya que puede disminuir el umbral de convulsiones. Tampoco es recomendable en mujeres embarazadas y madres lactantes debido a que no se han realizado ensayos que avalen su seguridad. En cuanto a reacciones adversas, destaca una posible aparición de gastritis, úlcera péptica, vómitos o diarrea.

Más información: www.infito.com

DECÁLOGO SOBRE LA FITOTERAPIA
1 La fitoterapia es una opción terapéutica validada por numerosos estudios científicos y cientos de años de experiencia en millones de personas.

2 Las plantas medicinales tienen efectos sobre la salud. Por lo tanto, debe ser un profesional de la salud el que las recomiende.

3 La farmacia es el único establecimiento que garantiza que las plantas medicinales lleguen al consumidor final en las mejores condiciones.

4 El farmacéutico es el profesional más cualificado para recomendar sobre plantas medicinales.

5 Aunque las plantas medicinales tienen, por lo general, menos efectos secundarios que los fármacos de síntesis, no son inocuas, y algunas de ellas son incluso peligrosas.

6 Los fármacos basados en plantas medicinales son medicamentos del mismo modo que los fármacos de síntesis. Para las afecciones leves y moderadas pueden obtenerse libremente en farmacia (como cualquier analgésico, por ejemplo) y para las afecciones graves requieren la prescripción de un médico.

7 Las plantas medicinales deben administrarse con un prospecto que indique su indicación, su posología y sus posibles efectos secundarios.

8 Los principios activos de las plantas medicinales requieren unas condiciones óptimas de conservación, ya que son muy inestables. La mejor forma de hacerlo es envasándolas como medicamentos.

9 Existe mucha variabilidad de una cosecha a otra e incluso de una planta a otra. Se requieren controles y análisis exhaustivos, como los de cualquier medicamento, que garanticen que todos los principios activos son iguales.

10 Las plantas medicinales deben ser analizadas para comprobar que no existen contaminantes perjudiciales para el hombre. 

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