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DEMayores, 08/08/2011

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Hoy, más que nunca, todos necesitamos que instituciones, grupos o personas nos ayuden en algún momento de nuestras vidas. La sociedad es cada día más compleja y nuestro bienestar depende también del acceso a los recursos sociales, culturales, sanitarios y comunitarios que nos rodean. Por eso el voluntariado es una iniciativa social en la que todos podemos participar y de la que todos nos podemos beneficiar. La solidaridad es un sentimiento de alto valor humano que surge en quienes entienden que todos somos socios de la misma sociedad y que el refranero popular lo sintetiza con la frase: “hoy por ti y mañana por mí”. Por eso el voluntariado es un recurso que beneficia tanto a la sociedad en la que se desarrolla como a la persona que lo realiza.

Europa ha decidido celebrar el 2011 como “Año Europeo del Voluntariado” y es importante reflexionar por qué muchas personas entregan su tiempo libre para ayudar a quienes necesitan apoyo, para acompañar a quienes demandan atención y para transmitir conocimientos a quienes desean aprender. Hay muchas razones que demuestran que apuntarse al voluntariado puede ser una oportunidad para manifestar la vigencia de una ciudadanía activa que a través de sus actividades refuerza los sentimientos de utilidad, alimenta la autoestima, promueve la participación y aumenta la solidaridad.

Pero me quiero referir a las personas mayores porque el voluntariado es bueno para su salud. Todos sabemos que las personas mayores viven, por suerte, muchos años y envejecen con más salud, con más autonomía, con más recursos personales y sociales, pero a veces también con algunos problemas derivados de la utilización de su tiempo libre, de la marginación que sectores sociales les producen, de las dificultades que conllevan los nuevos modelos de vida familiar y de los estereotipos que todavía perduran en la sociedad sobre las personas que ya no están en el mundo laboral.

¿Por qué el voluntariado es saludable para las personas mayores? Porque beneficia la salud física y psíquica ya que les posibilita que permanezcan activas, que aumenten sus relaciones sociales, que descubran nuevos estímulos y que realicen proyectos que obligan a salir de uno mismo. Apuntarse al voluntariado puede ser una solución a los sentimientos de inutilidad, a la actitud pasiva y a los desánimos y pequeñas depresiones. La persona mayor puede desempeñar un papel importante en el voluntariado porque tiene experiencia, dispone de tiempo libre y sabe que “todo lo que se hace por los demás suele reportar beneficios personales emocionales”. De ahí que el refranero popular diga tan claramente “manos que no dais, qué esperáis”.

No olvidemos que sentirse útil en la vida es siente mejor. Esta es la razón por la que muchas personas mayores encuentran en el voluntariado un campo privilegiado de actuación para impulsar un rol activo socialmente valorado. ¡Felicitaciones a las miles y miles de personas mayores voluntarias¡ 

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